Diego Salazar es periodista y autor del libro ‘No hemos entendido nada: Qué ocurre cuando dejamos el futuro de la prensa a merced de un algoritmo’.

A estas alturas la historia es conocida por cualquiera aficionado al fútbol o que pase unas cuantas horas al día en internet. Al día siguiente de aterrizar en París, Lionel Messi dedicó unos minutos de su presentación como nuevo jugador del Paris Saint-Germain (PSG) a charlar en vivo con una joven estrella de las redes sociales por medio de la plataforma de streaming Twitch.

Ibai Llanos (Bilbao, 1995) transmitió en directo desde el estadio Parque de los Príncipes una breve conversación con Messi para sus más de siete millones de seguidores en Twitch. Ibai había estado unos días antes en casa del exjugador del Barcelona, en la cena de despedida que este ofreció a sus amigos, y empezó la charla por ahí:

—Sabes que me han hecho muchas bromas con lo de tu cena, ¿no?

—¿Por qué? —replicó Messi.

—Porque dicen que me comí todo el catering. ¿Tú crees que comí mucho?

—No, la verdad que no. No sé si comés mucho o poco, pero ese día no comiste nada.

Mientras conversaban, Ibai sostenía entre las manos una camiseta del PSG, la estrujaba y cambiaba de una mano a otra. Luego cogió un rotulador y la manera en que lo manipulaba, mientras miraba embobado a Messi, dejó ver con más claridad aún su nerviosismo.

La charla acumula, hasta el 1 de septiembre, casi 2.8 millones de visualizaciones en Twitch y más de 5.5 millones en YouTube. Durante la transmisión, su canal de Twitch alcanzó picos de poco más de 330,000 cuentas conectadas en directo. Un par de semanas después, Ibai superó esos números al transmitir y comentar en directo en su canal, solo para España, el debut de Messi con el PSG en la liga francesa: 343,000 espectadores en promedio y un minuto de oro de 491,000.

Con Ibai, hace ya tiempo todos los números son así de desorbitados. Su cuenta de Twitter tiene 5.4 millones de seguidores; la de Instagram, 5.3 millones; su canal de YouTube, 6.8 millones. Pero su éxito no se limita a cifras. De hecho, existen personalidades online que cuentan con más suscriptores en YouTube y Twitch.

Lo que no existía hasta ahora es una celebridad nacida en estas plataformas digitales que transite ida y vuelta, con tanta soltura y éxito, del mundo online al offline. Una celebridad que otras celebridades, principalmente deportistas, aceptan como uno de los suyos. Es famosa su relación con el “Kun” Agüero, quien aparece en sus transmisiones de Twitch, así como sus “Charlando tranquilamente” con Ronaldinho, Paulo Dybala o Andrés Iniesta.

Otro ejemplo, quizá más relevante: los derechos de transmisión de la liga francesa para España, que posibilitaron la transmisión online del debut de Messi, fueron adquiridos por la empresa de su socio, el futbolista Gerard Piqué, a quien ha convencido también de hacerse streamer regular en Twitch.

Este éxito no ha pasado desapercibido dentro de la industria de medios, que a la par que registra sus hazañas lo mira todavía con cierta distancia, una creciente perplejidad e incluso como una difusa amenaza. Lo resumió a la perfección, quizá de manera involuntaria, el comentarista deportivo español Juanma Castaño, quien luego de que Messi hablara con Ibai comentó en Twitter: “Yo no entiendo nada. Punto. Cada uno que interprete lo que quiera”.

Intenté hablar con Castaño para preguntarle, entre otras cosas, qué es lo que no entendía. Cruzamos un par de correos electrónicos, pero no llegó a responder mis preguntas.

Pero, ¿es en verdad así? ¿Representa Ibai un peligro para el periodismo deportivo y los medios? Para responder hablé con uno de los responsables del encuentro entre Messi e Ibai. Tomás Marcó del Pont es periodista y desde hace un par de años trabaja para la agencia Samba Digital como editor de las plataformas en español del PSG.

Marcó me explicó que el streaming entre Messi e Ibai fue obra de su equipo en Samba. Ellos tuvieron la idea y contactaron al streamer con el objetivo de “hacer contenido distinto”. Un contenido, “a la altura de lo que es Messi”.

Me dijo que él, que viene de la prensa, ve lo que hacen los streamers como “una manera distinta de comunicar” y cree que debería convivir junto al periodismo: “Hay espacio para entrevistas más serias y otras más distendidas como las que hace Ibai. No creo que las dos maneras de comunicar deban competir”.

Algo parecido me dijo un periodista especializado en fútbol que también viene de los medios tradicionales y ahora vive con un pie en la televisión y otro en las plataformas digitales. Julio Maldonado, conocido como “Maldini”, tiene una trayectoria de más de 30 años en radio y televisión españolas, una cuenta de Twitter con un millón de seguidores y un canal de YouTube con cerca de 700,000 suscriptores.

En el panorama deportivo en español, Maldini ha entendido como pocos que una parte creciente de la audiencia, sobre todo la más joven, no se encuentra en la radio, los diarios o la televisión, sino en las plataformas digitales.

Cuando hablamos sobre Ibai, me dijo que para él estaba claro que no se trataba de periodismo: “Ibai es capaz en ese video de hacer una cosa que es muy difícil, y es que los demás podamos ver al Messi distendido, al Messi que nunca vemos; pero no es periodismo, ni Ibai pretende que lo sea”.

Y es cierto, Ibai lo ha dicho más de una vez. Sin embargo, yo no veo esa frontera con tanta claridad como dicen verla el propio Ibai, Tomás Marcó del Pont o Maldini.

Quizá la entrevista de Messi no sea el mejor ejemplo: se sabe que no es el más elocuente de los entrevistados y que el día de la presentación del PSG concedió escasos minutos a unos pocos periodistas. Sin embargo, si uno ve dos de esas entrevistas —las de Christian Martin, de ESPN, y Guillem Balagué para BBC— notará que no hay demasiadas diferencias con el diálogo que tuvo con Ibai.

Una de las cosas que se señalan cuando se busca explicar por qué Ibai consigue hablar con estrellas deportivas es que no les hace preguntas incómodas, no los pone en aprietos como sí haría un verdadero periodista. No le preguntó a Messi, por ejemplo, qué opina de cómo manejó el Barcelona la imposibilidad de renovar su contrato o cuál es la relación actual con Joan Laporta, presidente del club y principal responsable de su partida.

Pero tampoco los periodistas que lo tienen delante plantean esas preguntas. La diferencia no pasa por ahí. El tono es algo más serio, no hay tantas risas, pero se trata igual de charlas amables, de entrevistadores preocupados por asuntos nada controversiales, a quienes no les tiemblan las manos tanto como a Ibai, pero que no muestran interés de incomodar en lo más mínimo a la estrella argentina.

La diferencia estriba, más bien, en la posición que asume Ibai cuando está junto —ese es el término aquí— a Messi. Ibai, como ocurre en sus transmisiones, no solo habla desde el yo sino que se coloca a sí mismo enfrente, junto al propio Messi. ¿Recuerdan cómo inició la conversación? Así: “Sabes que me han hecho muchas bromas con lo de tu cena”.

A ratos parecía incluso que no sabía bien qué preguntar. Pero lo más importante aquí no es lo que Ibai pregunte o Messi responda. Lo importante, paradójicamente, no es el contenido de la conversación. Sino que el intercambio mismo exista y que ambos —la megaestrella futbolística y el muchacho que triunfa hablando frente a su computadora a cientos de miles que piensan que pueden ser como él— compartan ese espacio, se reconozcan el uno al otro y departan con la familiaridad que todos los espectadores de Ibai soñarían tener con Messi.

Lo importante es que Ibai está siendo él mismo, o al menos eso es lo que los espectadores perciben. A diferencia de lo que ocurre con la televisión o la radio, donde la distancia con el espectador u oyente es inherente al medio, donde hay un emisor y un receptor y esos papeles no se confunden nunca, internet es el espacio donde todos acudimos a expresarnos como somos o como nos gustaría creer que somos. Donde prima la espontaneidad —o su simulacro— y lo importante es lo que yo pienso y siento, lo importante es cómo reacciono yo ante el contenido que producen otros para así producir mi propio contenido.

Como ha dicho el escritor Chuck Klosterman, la diferencia principal del consumo de información en nuestros días es que al espectador no le basta con ser un mero receptor: “Se trata de una relación de doble vía donde mucha gente siente que la razón para consumir contenido es reaccionar ante él. No se trata del contenido en sí, sino de que puedan usarlo para expresar su respuesta”.

Y es eso lo que ha entendido a la perfección Ibai. Porque, como escribió la periodista Jia Tolentino en su libro Trick Mirror: Reflections on Self Delusion, en internet una persona exitosa es aquella que “puede prometer todo a una audiencia indefinidamente creciente todo el tiempo”.

E Ibai, con su aspecto y vocabulario desenfadado, sus carcajadas sonoras y esa franqueza al relatar ante cámara sus encuentros con celebridades, la misma con la que narra las partidas de videojuegos con sus amigos, encarna ese ideal del internet social: el lugar donde uno, supuestamente, puede hacerse rico y famoso —y feliz— siendo uno mismo.

Una aspiración, por supuesto, que la prensa y los periodistas no tienen cómo ofrecer a su audiencia. Su camino, por si hace falta decirlo, no va por ahí.

El problema es que el camino de Ibai y los streamers, aunque solo puedan recorrerlo unos pocos elegidos, se encuentra definido claramente. Y el camino del éxito para la prensa, que hasta hace poco estaba delineado con cierta precisión, hoy se ve más que borroso, casi inexistente. Y eso, claro, nubla el entendimiento. Si no que le pregunten a Juanma Castaño.

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