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Opinión La redención de la derecha peruana no pasa por VOX

El líder del partido español VOX, Santiago Abascal (C) y los diputados del partido Macarena Olona (C-I) y el portavoz parlamentario Ivan Espinosa de los Monteros (C-D)al llegar a la sesión en el Congreso de los Diputados, en Madrid, España, 22 de septiembre 2021. (J J Guillen/EPA-EFE/REX/Shutterstock)

Diego Salazar es periodista y autor del libro ‘No hemos entendido nada: Qué ocurre cuando dejamos el futuro de la prensa a merced de un algoritmo’.

La semana pasada, luego de que Santiago Abascal, diputado español y presidente del partido de extrema derecha VOX, visitara Ciudad de México, una delegación de miembros de su partido llegó a Lima para reunirse con varios congresistas peruanos y la excandidata a la presidencia Keiko Fujimori.

La visita mexicana del líder de VOX destacó por un cruce de acusaciones entre Abascal y el presidente Andrés Manuel López Obrador, y porque distintos representantes del conservador Partido Acción Nacional (PAN), responsable en parte de su visita y su presencia en el Senado del país, se desmarcaron a posteriori.

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El senador panista Julen Rementería, quien extendió la invitación a Abascal, dio luego una conferencia de prensa para señalar que el acercamiento con el líder ultraderechista español no era “ningún tipo de alianza con ninguna organización política de ninguna parte del mundo”.

La vergüenza, al parecer, fue tal que la cuenta oficial del grupo parlamentario borró un tuit con una foto de los senadores panistas que se reunieron con el político español y firmaron la llamada Carta de Madrid. Este documento, promovido por la Fundación Disenso, think tank de VOX del que Abascal es también presidente, señala que “el avance del comunismo supone una seria amenaza para la prosperidad y el desarrollo de nuestras naciones, así como para las libertades y los derechos de nuestros compatriotas”. La carta indica también que “el futuro de los países de la Iberosfera ha de estar basado en el respeto a la democracia, los derechos humanos, el pluralismo, la dignidad humana y la justicia”.

Contrario a lo ocurrido en México, en Perú el entusiasmo por la ultraderecha española no ha menguado entre los líderes conservadores e, incluso, entre algunos que gustan de llamarse a sí mismos liberales. Esta semana, durante una entrevista televisiva, el congresista Alejandro Cavero defendió a los miembros de su partido que se reunieron con la delegación de VOX. “En política uno tiene que conversar con todos”, indicó.

A diferencia de sus correligionarios José Williams, Miguel Yagi y Adriana Tudela, Cavero no ha firmado la Carta de Madrid, pero cuando el periodista Jaime Chincha le preguntó si conocía los mensajes xenófobos que enarbola VOX, el congresista dijo que “la finalidad de la reunión no ha sido avalar las cosas que VOX pueda tener como políticas en España”, sino “avalar una serie de principios democráticos que han firmado distintas organizaciones en América Latina”. Como sabe cualquiera que haya seguido la trayectoria de VOX, así como la manera en que sus representantes buscan agudizar la polarización en la sociedad española, las “políticas” que defiende se encuentran en las antípodas de los principios democráticos que la Carta de Madrid y el congresista Cavero dicen defender.

VOX, como explican los politólogos José Rama, Lisa Zanotti, Stuart J. Turnbull-Dugarte y Andrés Santana en un muy documentado libro de reciente publicación, es un “clásico ejemplo de partido populista de derecha radical”. Un partido así se caracteriza por su “nativismo, autoritarismo y populismo”. Es decir, por “una combinación de xenofobia y nacionalismo”, la defensa de “una sociedad regida por un orden estricto donde las afrentas a la autoridad son severamente castigadas” y la construcción de “una narrativa populista asentada en el conflicto maniqueo entre la nación o pueblo (...) y unas élites malvadas, globalistas y progresistas”.

Estas son, por ejemplo, dos propuestas para lidiar con la inmigración, extraídas de su manifiesto 100 medidas para la España viva:

17. Acabar con el efecto llamada: cualquier inmigrante que haya entrado ilegalmente en España estará incapacitado, de por vida, a legalizar su situación y por lo tanto a recibir cualquier tipo de ayuda de la administración.

26. Fortalecer nuestras fronteras. Levantar un muro infranqueable en Ceuta y Melilla. Dar a policías y fuerzas amadas (FFAA) todos los recursos materiales y humanos para que puedan cuidar nuestras fronteras con total eficacia, junto con el amparo legal correspondiente.

Difícilmente calzan esa definición y estas propuestas con la “defensa de los principios democráticos” de la que hablan Cavero y el resto de políticos y ciudadanos peruanos que han recibido con los brazos abiertos a sus representantes y se han apresurado a firmar la Carta de Madrid.

Estas reuniones y firmas, dijo Cavero, “no han tenido nada que ver con las políticas internas de España”. Sin embargo, a diferencia del congresista, los representantes de VOX dejaron de lado esa cortesía de no inmiscuirse en las “políticas internas” de otro país y, durante su visita en Lima, declararon gustosamente sobre la actualidad peruana.

El eurodiputado Hermann Tertsch —conocido en España, entre otras cosas, por haber recibido dos condenas por difamación— calificó al presidente, Pedro Castillo, como “un personaje… un candidato peculiar, digámoslo así”, durante una entrevista. Acto seguido, optó por apalancar la falsa teoría del fraude electoral al señalar que ha habido “una dejación por parte de la comunidad internacional absolutamente vergonzosa, escandalosa, en todo caso dolosa, porque se acató una narrativa sobre el resultado sin haberse agotado realmente los cauces para la investigación de un recuento”.

Quise saber si estas posturas eran las de la Fundación Disenso, brazo intelectual y mediático de VOX, que ha compartido de manera activa los pormenores de la visita peruana de su representante Jorge Martín Frías junto al europarlamentario Tertsch, así que me comuniqué con su oficina de prensa. Lastimosamente, me indicaron que no sería posible hablar con el señor Frías, pero un vocero respondió vía correo a unas cuantas preguntas.

Cuando pregunté si consideraban que había existido un fraude en las elecciones peruanas, la respuesta fue: “Nosotros no entramos a valorar esas cuestiones. Pero sí vemos con preocupación cómo la promesa del actual Ejecutivo peruano de llevar a cabo una reforma constitucional puede terminar derivando en la aplicación de las políticas autoritarias que ya hemos visto en Cuba y Venezuela”. Cuando señalé la contradicción entre el nacionalismo a ultranza de VOX y su discurso antiinmigración con la presencia de estas delegaciones en México y Perú, donde sus representantes opinan de política local, me dijo que “no hay tal contradicción”. Por el contrario, indicó, “lo que estamos haciendo precisamente es protegernos de las injerencias del Foro de Sao Paulo y el Grupo de Puebla en nuestras naciones, organizaciones promovidas por Cuba y Venezuela para desestabilizar nuestros países y debilitar nuestras instituciones”.

Cuba y Venezuela, países que se caen a pedazos víctimas de sus apuestas comunistas fracasadas y que vienen enviando a millones de sus habitantes al exilio desde hace años, son los dos grandes fantasmas que habitan las pesadillas de VOX.

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Es quizá eso, el anhelo de un enemigo común de escala global (o “globalista”), tan gaseoso como inagotable porque no hace sino encarnar los temores imaginarios de un puñado de políticos dispuestos a agitar cualquier señuelo para atizar su guerra cultural, lo que une a la ultraderecha española con los desnortados partidos políticos de la derecha peruana, que siguen sin entender cómo pudieron perder ante una candidatura como la de Castillo.

Si lo que quieren de verdad es encontrar la respuesta y plantar cara al caótico y cada vez más incompetente y preocupante accionar del Ejecutivo peruano, harían bien en pasar menos tiempo persiguiendo fantasmas junto a un partido ultraderechista europeo y más conociendo el Perú que existe fuera de Lima. Ese que, pese al desgobierno y desaprobación que caracteriza el mandato del presidente Castillo, sigue dándoles la espalda.

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