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Opinión Prepárense: Trump se postulará para la presidencia en 2024

El expresidente estadounidense Donald Trump durante un mitin en julio en Sarasota, Florida. Se espera que se postule como candidato a la presidencia de Estados Unidos para las elecciones de 2024. (Phelan M. Ebenhack for The Washington Post)

Como un villano de una película de terror, Donald Trump amenaza con volver a levantarse después de que pensábamos había sido eliminado. Y si bien la posibilidad de que se convierta en presidente en 2025 es suficientemente aterradora, incluso el hecho de soportar otra campaña que culmine con su derrota sería una catástrofe para Estados Unidos.

Así que prepárense: si bien hasta el momento parecía que Trump quería mantener viva la idea de una postulación en 2024 solo para llamar la atención, las posibilidades de que la lleve a cabo están aumentando rápidamente. Y sí, deberíamos estar muy asustados.

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Ciertamente, hay razones por las que Trump podría decidir no postularse. Tendrá 78 años en 2024, y una campaña presidencial implica muchísimo trabajo. Además está ocupado lidiando con problemas legales y el declive de su compañía. Otra derrota lo marcaría de forma indeleble como el mayor perdedor en la historia de la política estadounidense, y Trump ha pasado toda una vida tratando de convencer a todo el mundo de que no es un perdedor.

Pero si Trump tuvo alguna vez esos pensamientos en su cabeza, es posible que la situación haya cambiado. Consideremos cómo se ve ahora el panorama desde la perspectiva de Trump:

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Los republicanos se están movilizando en torno a su posible candidatura, incluso si en privado piensan que es una mala idea. Cuando Trump se apoderó de las primarias de 2016, su partido pasó por un período de golpes de pecho públicos, en el que muchos republicanos proclamaron que Trump no debía ser su líder. Nada de eso sucederá la próxima vez.

Read in English: Brace yourself: Donald Trump will run for president in 2024

The Hill informó recientemente que “los senadores republicanos, con algunas pocas excepciones, esperan que el expresidente Trump no anuncie su intención de volver a postularse para la presidencia”. Pero ni uno solo de ellos fue capaz de afirmarlo de forma pública. En cambio, como informó CNN, los republicanos elegidos “están expresando muy pocas o ninguna reserva sobre la posibilidad de que Trump vuelva a encabezar la fórmula”.

Incluso si los votantes republicanos tuvieran dudas —una encuesta reciente del Centro de Investigaciones Pew reveló que solo 44% de ellos quiere que Trump vuelva a postularse— prácticamente todos los políticos republicanos eludirán la pregunta o respaldarán la idea de que se postule.

Eso genera su propio efecto dominó: mientras más republicanos demuestren que no se interpondrán en su camino, más temerán los demás salirse de la línea y más estará convencido Trump de que tendrá a todo el partido apoyándolo si decide postularse. Lo cual es cierto.

No tendría oposición en las primarias. Una docena de republicanos podrían postularse para la presidencia en 2024 si Trump no lo hace, incluyendo a senadores como Ted Cruz (Texas), Josh Hawley (Missouri) y Marco Rubio (Florida); gobernadores como Ron DeSantis (Florida), Greg Abbott (Texas) y Kristi L. Noem (Dakota del Sur), y los exfuncionarios de Trump Mike Pompeo y Nikki Haley. Pero todos ellos saben que no tendrían ninguna posibilidad de ganar si él participa en la contienda.

El presidente Joe Biden casi con toda seguridad lucirá vencible. Si bien la mayoría de los presidentes suelen ganar la reelección a menos que hayan sido destrozados por algo dramático como una recesión, en nuestra era polarizada los presidentes en funciones por lo general suelen verse vulnerables. Aunque terminaron ganando con relativa facilidad, Barack Obama, George W. Bush y Bill Clinton tuvieron índices de aprobación mediocres el año en que optaron por la reelección. No importa cuán bien le salgan las cosas a Biden, lo más probable es que sus índices nunca superen el 50%, en el mejor de los casos. Y si los demócratas pierden el Congreso en las elecciones de medio mandato de 2022, Trump solo verá debilidad en Biden.

Trump cree que puede robarse las elecciones. Este es el factor más perturbador de todos, porque podría tener razón. Los esfuerzos de Trump para robarse las elecciones en 2020 fueron en su mayoría improvisados. Ese no será el caso en 2024.

En todo el país, los republicanos están expulsando a los administradores electorales profesionales y reemplazándolos con trumpistas teóricos de la conspiración que aseguran que las elecciones de 2020 fueron robadas. Figuras leales a Trump que propagan la “gran mentira” están postulándose para el cargo de secretario de estado para poder controlar el sistema de votación. “Estamos tratando de que sean elegidos en todo el país secretarios de estado que crean en la idea de ‘América primero’”, declaró un candidato de Nevada que afirmó haber sido reclutado por la operación de Trump para postularse a ese cargo.

Estos son verdaderos creyentes, personas que están convencidas de que si los demócratas ganan una elección es prueba de que fue ilegítima y de que los resultados deben cambiarse. Y esta vez podrían llegar a tener el poder para lograrlo.

El Congreso podría tomar medidas para dificultar que los partidarios de Trump se roben las elecciones, por medio de la aprobación de una reforma electoral y una Ley de Conteo Electoral revisada, lo que establecería el proceso que Trump intentó socavar el 6 de enero. Pero para lograr eso tendrían que dejar de lado el obstruccionismo, y hasta el momento nada indica que eso vaya a suceder.

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Si juntamos todo lo anterior, este es el panorama que Trump podría percibir desde Mar-a-Lago: ningún republicano relevante se le opondrá. Puede conseguir la candidatura con una facilidad absoluta. Biden será vulnerable. Incluso si pierde, sus simpatizantes estarán listos y dispuestos a ayudarlo a robarse las elecciones. Conseguirá su venganza, y todos sabrán que es nuevamente un ganador.

Es una combinación de factores que a Trump podría resultarle imposible resistir. Y esta vez, realmente podría significar el fin de la democracia estadounidense.

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