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Opinión César Acuña y la instrumentalización de la justicia peruana

El candidato a la presidencia del Perú César Acuña en un mercado durante su campaña para las elecciones de abril de 2016. (Ernesto Benavides /AFP vía Getty Images)
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En una entrevista de marzo de 2021, en plena campaña electoral peruana y poco después de la publicación de un libro de investigación sobre su figura, el entonces candidato presidencial César Acuña le dijo al periodista Marco Sifuentes: “Todo lo que se dice en el libro realmente no hay ninguna prueba. Son decires de terceras personas escritos en un libro”.

No era la primera vez que Acuña se refería en términos similares al libro Plata como cancha, escrito por el periodista Christopher Acosta, quien lleva algo más de una década investigando su carrera política y empresarial. “Todo lo que escribe el señor, el joven Christopher, es completamente falso. Eso es como si fuera una novela”, le dijo una semana antes a otra periodista, Mávila Huertas, cuando le preguntó acerca de uno de los hechos narrados en el libro.

Según cuenta Acosta en el libro, con base en el testimonio de tres testigos, cuando en el año 2000 era congresista, Acuña habría visitado el despacho del entonces todopoderoso asesor de la dictadura liderada por Alberto Fujimori, el jefe del Servicio de Inteligencia Nacional, Vladimiro Montesinos. Ahí, en lugar de aceptar los pagos habituales de entre 10,000 y 15,000 dólares mensuales que el asesor realizaba a distintos congresistas para que apoyasen a Fujimori, Acuña habría pedido, sin que le fuera concedido, un ministerio.

Acuña, hoy fundador y líder de un partido político que cuenta con una bancada de 15 congresistas, señala que esto es falso. Es más, le dice a la sorprendida periodista: “Quien fue el causante de la caída de Fujimori he sido yo”. Una aseveración tan jalada de los pelos como risible. Sin embargo, como bien documenta el libro de Acosta y como bien ha documentado la prensa peruana durante años, la relación de Acuña con la verdad es, por decir lo menos, bastante elástica.

En esa misma entrevista, Acuña dijo que él y sus abogados estaban ya en proceso de demandar a Acosta. Siete días después, señaló que mejor no. “Ya, por ti lo voy a hacer, no lo voy a demandar”, le dijo al periodista Marco Sifuentes luego de preguntarle si le aconsejaba o no hacerlo.

Acuña, claro, no cumplió su palabra. De hecho, ha emprendido una andanada de acciones legales contra Acosta, la casa editorial Penguin Random House en Perú e, incluso, el director general de esta empresa, el periodista y editor Jerónimo Pimentel*.

Primero, en marzo de 2021, pocos días después de asegurar que no lo haría, Acuña presentó una demanda ante el Instituto Nacional de Defensa de la Competencia y de la Protección de la Propiedad Intelectual (INDECOPI), donde argumentaba que la expresión que da título al libro había sido registrada por él como marca y, por ende, el escritor y la editorial estaban infringiendo sus derechos de autor.

Como cancha es una expresión popular en el Perú, que significa “en abundancia”. Plata es la forma coloquial que los peruanos usamos para referirnos al dinero. En 2013, cuando era alcalde de la ciudad de Trujillo, durante una reunión con miembros de su partido Acuña explicaba la estrategia para su futura campaña presidencial y dijo: “Así no se gane, tener 12, 13, 10 congresistas, es un poder político. Plata como cancha para ustedes”. El video de la reunión se filtró y la frase ha estado asociada, de forma peyorativa y burlesca, a Acuña desde entonces. En 2020, la registró para uso comercial.

En la demanda ante INDECOPI, Acuña argumenta, sin ningún guiño o atisbo de sentido del ridículo, que la frase “se encuentra debidamente posicionada en el mercado, gozando de reputación gracias a su esfuerzo”. Debido a esto, el político y empresario solicitaba que se retirara el libro de circulación y que tanto el autor como la editorial fueran sancionados con una multa. En junio, INDECOPI declaró esta demanda infundada.

Ese mismo marzo, Acuña y sus abogados interpusieron otra denuncia, esta vez penal y ante el poder Judicial. La nueva denuncia acusa a Acosta y Pimentel de cometer, como coautores, el delito de difamación, e incluía como tercero civil responsable a la editorial. La querella presentada por Acuña califica al libro de “libelo que busca lucrar con mi imagen pública a sabiendas de que soy una persona intachable”.

En el Perú, el delito de difamación posee una pena de entre uno y tres años de prisión. Además de ello, Acuña ha solicitado en su denuncia una reparación de 100 millones de soles (aproximadamente 25 millones de dólares). En octubre, meses después de presentada la querella y mientras el juez todavía se encuentra revisando la causa, Acuña solicitó además el embargo de bienes de los tres querellados por un monto que garantice el pago de la indemnización si es que la justicia termina dándole la razón.

Como tantos otros políticos, Acuña gusta de presentarse como un líder respetuoso y garante de las libertades. De hecho, en 2019 se incorporó a la Fundación Internacional para la Libertad (FIL) liderada por Mario Vargas Llosa. En mayo de 2021, con no poca ironía, participó en el Foro Iberoamericano: Desafíos de la Libertad, organizado por esa misma institución, y, en junio, estuvo presente en el Foro Atlántico: Iberoamérica: Democracia y Libertad en tiempos recios, también de la FIL. En una entrevista más reciente, el político se defendió señalando: “Yo apoyo la libertad de prensa, soy defensor de la prensa”. Curiosamente, en esa misma entrevista, cuando el periodista le preguntó si ya había leído el libro que, según la querella, atenta contra su derecho al honor, Acuña respondió que no y que no lo pensaba leer. “Para eso está el abogado”, acotó.

Todos estos detalles llevan a sospechar que, en realidad, las demandas del señor Acuña tienen una intención distinta a reparar el supuesto “perjuicio a la imagen y reputación” que alega. Repasemos:

–Presentar no una sino dos denuncias en instancias distintas luego de afirmar que no demandaría.

–Incluir al director general de la empresa editora como coautor de un libro y, por ende, del delito de difamación.

–Solicitar una indemnización tan elevada (hasta ahora el monto más alto que la justicia peruana ha concedido en un caso de difamación es de 200,000 soles en una demanda del futbolista Paolo Guerrero contra la conductora de un programa de televisión).

–Solicitar el embargo de bienes de los querellados.

–Que el supuesto agraviado ni siquiera se haya detenido a leer el libro que supuestamente daña su honor.

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El objetivo, parecería, es más bien amedrentar a quien se atreva a documentar su rocambolesca carrera política y empresarial. Y hacer de él o ellos una advertencia para los que vengan después.

La instrumentalización de la justicia por parte de políticos y autoridades para amedrentar y silenciar periodistas tiene una larga y vergonzosa tradición en América Latina. De un tiempo a esta parte, se ha convertido en el método preferido por líderes populistas y autoritarios en la región a la hora de enfrentar a las pocas voces que todavía se atreven a alzarse en su contra y denunciar sus malos manejos o fechorías. Pero no por habitual resulta menos grotesca y peligrosa.

César Acuña no posee todavía en el Perú —electores y tribunales electorales mediante— el poder que le gustaría, ni que tienen ya otros líderes —como Bukele o Noriega, por poner solo dos ejemplos— que han hecho de ese amedrentamiento una de sus principales armas políticas.

Pero cuenta con un partido hecho a su imagen y semejanza, influencia, aliados, dinero y ansias de poder suficientes para continuar en su empeño por llegar algún día a Palacio de Gobierno. Estas demandas desproporcionadas deberían servirnos como advertencia del tipo de poder al que parece aspirar. Uno que nuestra endeble pero todavía sobreviviente democracia no debería permitir.

*Disclaimer: Diego Salazar es autor de dos libros publicados por Debate, un sello perteneciente a la casa editorial Penguin Random House.

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