Jorge Carrión es escritor y crítico cultural.

Una ausencia alarmante recorre las listas de los libros más destacados de 2021 que han publicado los principales diarios españoles. En las de ABC y La Vanguardia de literatura en español aparecen exclusivamente autores nacionales. No hay libros escritos por latinoamericanos. Lo mismo ocurrió en los primeros diez puestos del canon del suplemento Babelia de El País de 2020. En los del año pasado sí aparecen, pero de forma desequilibrada: en España, donde habita 10% de los hablantes de la lengua, supuestamente se han escrito cuatro de los mejores 10 libros del año, y solo tres en América Latina. El predominio de españoles también es absoluto en la lista del diario El Mundo.

¿Qué hay detrás de esa tendencia del periodismo español a destacar exageradamente a los narradores de la Península Ibérica en detrimento de los de la otra orilla? Parecería que ha asumido en parte la lección del feminismo, pero no la de los estudios poscoloniales. Aunque en los suplementos y las revistas predominen los críticos hombres que escogen sobre todo libros escritos también por hombres —a menudo de su propia generación— abundan en su selección anual los libros de escritoras; pero escasean o están ausentes los de autores y autoras de América. ¿Por qué no se ha asumido en el gremio que es necesaria la amplitud de miras tanto en el género como en los acentos y la geografía?

Se podría argumentar que esa tendencia es natural. Que en todos los países del mundo se lee sobre todo la literatura que representa el país propio. En las listas que han publicado en los últimos días los medios franceses o estadounidenses se subrayan de un modo abrumador libros franceses y estadounidenses. Pero lo cierto es que la lista del diario La Tercera de Chile es más hispanoamericana que las españolas. También lo son las de El Universo de Ecuador o Clarín de Argentina. ¿Están los países de la orilla americana más abiertos que España a las lecturas del resto de la lengua? ¿No es extraño que así sea, si se tiene en cuenta que Barcelona y Madrid son las capitales de la producción editorial?

El periodismo cultural de España refleja la dimensión más evidente y visible de una realidad geopolítica y comercial. Como ha explicado el agente literario Guillermo Schavelzon, en la década de 1970, Argentina, Colombia y México fueron las tres grandes potencias editoriales de la lengua. Pero en estos 50 años España ha ido concentrando casi todo el poder de la industria del libro. Los países latinoamericanos han pasado de ser exportadores a ser importadores. Y las literaturas de la otra orilla han pasado a depender en gran medida de España para acceder a los mecanismos de la legitimación y el reconocimiento. Los pocos libros latinoamericanos destacados en las listas de la prensa cultural española de este año han sido publicados por sellos que pertenecen a las corporaciones Penguin Random House y Grupo Planeta, ambos con sede barcelonesa. La pandemia, desgraciadamente, no ha hecho más que extremar esa situación de dependencia.

Ese centralismo neocolonial es particularmente evidente en los premios. El de la Crítica de narrativa castellana, pese a estar abierto a cualquier libro publicado por una editorial española, en sus 65 ediciones solo lo han ganado siete autores nacidos en América. El Cervantes busca el equilibrio entre España y América Latina, repartiendo el galardón a 50%, lo que solo puede ser calificado como injusto si se tiene en cuenta el peso demográfico y cultural. Y se pueden contar con los dedos de una mano las veces que no han ganado novelistas españoles el Premio Planeta.

El nacionalismo es una de las características incómodas de las industrias culturales. Por razones muy diversas, que van desde la voluntad genuina de querer reflejar los problemas o los deseos de una comunidad cercana, hasta el interés por beneficiarse de los mecanismos proteccionistas de las instituciones, la producción discursiva sobre temas locales ocupa una ancha franja de la agenda cultural. En todos los países del mundo encontramos en los primeros puestos de los rankings de más vendidos libros que analizan o investigan la historia o la política nacionales. Pero el autismo lector que evidencian las listas españolas de mejores libros del año va más allá de la tendencia natural de los mercados a celebrar y potenciar las lecturas sobre la realidad más propia e inmediata.

Se inscribe en una preocupante desafección de mi país por el resto de Hispanoamérica. Durante la crisis económica de la década pasada, miles de jóvenes españoles buscaron allí horizontes de futuro. Pero con la recuperación y con la pandemia, las fronteras parecen haberse cerrado de nuevo. La donación de vacunas desde España hacia América Latina ha vuelto a demostrar que la relación entre ambas orillas está más marcada por un patrón de cooperación internacional que por la conciencia de formar parte de las infinitas variantes de una misma cultura.

Pero el periodismo literario, el mundo editorial y los lectores no debemos olvidar que compartimos ese patrimonio literario tan fecundo y diverso. Y que todos los agentes del mundo del libro deben implicarse en la defensa de esa necesaria diversidad. En ese camino las librerías pueden inspirar al periodismo y a las instituciones públicas. En las listas de nominados de los premios que convocan la zaragozana Cálamo y la barcelonesa Finestres sí que encontramos un auténtico interés por la narrativa que publican autores y autoras nacidos en cualquier punto de la geografía de la lengua. Sigamos su ejemplo. Abramos fronteras.