Querido papa Francisco:

Nací católico pero, para resumir la historia, hoy soy una oveja descarriada.

Algo que dijo recientemente me preocupó. Criticó a las personas que no tienen hijos. Dijo que las personas que tienen mascotas en lugar de niños son egoístas y que el cuidado de las mascotas “nos quita humanidad”.

Que eso provenga del líder de una Iglesia que le prohíbe a los sacerdotes y monjas casarse y tener hijos, me hace pensar que fue algo que no meditó lo suficiente.

Las mascotas nos hacen mejores seres humanos. Son un recordatorio constante de algunos de los valores más importantes en la vida: el amor, la lealtad, estar en el presente y encontrar la dicha en las pequeñas cosas.

Piénselo: un perro encuentra trascendencia en un hueso de carnaza. Son capaces de ver a dios todos los días, apenas sus humanos llegan a casa. Y en cuanto a los gatos… bueno, tienen su propia manera de enseñarnos que no somos tan divinos. Los animales nos dan mucho más de lo que nos quitan.

En segundo lugar, apuesto a que la mayoría de los hogares no eligen entre mascotas y niños. Algunos podrían no ser capaces de tener hijos. Otros quizás no desean tenerlos porque encuentran más gratificante otras vocaciones. Mírese en el espejo por un segundo: piense en la cantidad de cosas buenas que puede hacer una persona por la humanidad si no está concentrada en criar un solo ser.

Además, tampoco es que nos estemos quedando sin bebés: el planeta alcanzará los 8,000 millones de habitantes este año.

Finalmente, todos tomamos decisiones. Por lo general implican compromisos y concesiones. Usted ha tomado ese tipo de decisiones. Todo el mundo sabe que el papa Benedicto XVI, su predecesor, es la definición de “señor de los gatos”: un hombre soltero y sin hijos que tiene gatos.

Estoy seguro de que usted no quiso decir que Benedicto es egoísta. Tampoco lo son los sacerdotes y las monjas que deben elegir entre tener hijos o unirse a la Iglesia que usted dirige.

El punto es que esos sacerdotes y monjas tomaron una decisión. Al igual que usted. Al igual que lo hizo Benedicto con su celibato y sus gatos. Del mismo modo que las personas que no tienen hijos, por cualquier razón que consideren sagrada.

Ejercer el libre albedrío no equivale a ser egoísta.

Además, si algunas personas quieren decir que sus mascotas son sus hijos, ¿cuál es el problema? A veces incluso se parecen…

Un abrazo cordial,