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Opinión Permitir una segunda dosis de refuerzo es un cambio en el combate a la pandemia

Personal médico prepara una vacuna contra COVID-19 en Pamplona, España, el 16 de marzo de 2021. En Estados Unidos ya e aplica una segunda dosis de refuerzo. (AP Photo/Alvaro Barrientos, File)
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El martes 29 de marzo la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA, por su sigla en inglés) tomó la decisión de autorizar una cuarta dosis de la vacuna contra el coronavirus para estadounidenses mayores de 50 años, lo cual anuncia una nueva estrategia pandémica. En lugar de que el gobierno federal prescriba las acciones que todos deben acatar, está proporcionando herramientas para que las personas elijan su propio nivel de protección.

El anuncio de la FDA, y la posterior aprobación por parte de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, por su sigla en inglés), ha provocado reacciones mixtas. Algunos criticaron el proceso: a diferencia de autorizaciones previas de vacunas, los asesores independientes de la FDA y los CDC aún no han dado su opinión, y, de hecho, tienen programado reunirse la próxima semana para discutir este tema. Otros aplaudieron la decisión ágil, en especial porque los CDC acaban de informar que la extremadamente contagiosa subvariante BA.2 de ómicron se ha convertido en la cepa dominante en Estados Unidos.

La propia comunidad médica está dividida sobre si es necesaria una cuarta dosis. Eso se debe a que no hay consenso sobre el propósito exacto de la vacunación. ¿Es para prevenir enfermedades graves o para reducir cualquier enfermedad sintomática?

Read in English: How allowing a second booster shot signals a shift in pandemic guidance

Si el objetivo de la vacunación es prevenir la hospitalización y la muerte, la vacuna más un refuerzo debería ser suficiente. Un estudio de los CDC reveló que la aplicación de dos dosis generó una reducción del 88% en la probabilidad de necesitar un respirador o morir; tres dosis aumentaron la protección al 94%. Durante el período en el que la cepa ómicron original fue la dominante, la eficacia de las dos dosis se redujo al 79%, mientras que la de tres dosis se mantuvo en 94%.

Si el objetivo es reducir cualquier infección por COVID-19, el asunto es más complicado. Por un lado está claro, a partir de un análisis extensivo en California, que la eficacia de tres dosis contra la ómicron se reduce con el tiempo (aunque la protección contra la hospitalización sigue siendo fuerte). Pero si bien datos preliminares desde Israel muestran que una cuarta dosis incrementa los niveles de anticuerpos entre las personas de 60 años o más, un estudio separado sugiere que los beneficios en la reducción de enfermedades para los trabajadores de la salud más jóvenes solo son marginales. Otros estudios israelíes muestran que una cuarta dosis mejora la protección contra enfermedades graves, pero el beneficio adicional podría no durar mucho.

Aquí es donde debemos separar la perspectiva de la salud pública de la del paciente individual. Desde el punto de vista de la salud de la población, creo que una cuarta dosis no cambiará la trayectoria de la BA.2 en Estados Unidos. Cerca de la mitad de los elegibles para la tercera dosis aún no se la han aplicado, incluido uno de cada tres adultos de 65 años o más. Y, por supuesto, están quienes siguen sin haberse aplicado ni una dosis. Llevar las vacunas a estos grupos debe seguir siendo la prioridad de los funcionarios de la salud.

Por lo tanto, la mejor política es una asignación permisiva. No es obligatorio que las personas reciban la dosis adicional, pero pueden hacerlo si así lo desean. En cierto sentido, la decisión de un refuerzo adicional se convierte en algo similar al uso continuo de cubrebocas o las pruebas rápidas antes de las reuniones en espacios cerrados. Hay muchos estadounidenses a los que ya no les preocupa el COVID-19. Es posible que aquellos que están vacunados y con refuerzo no opten por una dosis adicional en esta oportunidad, del mismo modo que podrían elegir no utilizar cubrebocas o aplicarse pruebas de forma regular. Esto es en especial cierto si se recuperaron recientemente de la variante ómicron.

Hay otros que siguen preocupados por la infección del coronavirus. Con los ancianos y los clínicamente frágiles, que podrían terminar en el hospital con cualquier infección respiratoria, comprendo el razonamiento de querer aplicarse una dosis adicional. Quieren hacer todo lo posible para evitar contraer el COVID-19. Incluso si la protección adicional podría no ser mucho más fuerte que la de la tercera dosis ni durar mucho, vale la pena.

Además, están quienes recibieron una dosis de la vacuna Johnson & Johnson y luego un refuerzo inicial de una vacuna de ARNm o de Johnson & Johnson. Los CDC están permitiendo que todas estas personas, independientemente de su edad, reciban una segunda dosis de refuerzo de ARNm si han pasado cuatro meses desde su última vacuna. Opino que este refuerzo adicional debe considerarse de la misma manera que una cuarta dosis de una vacuna de ARNm: una opción para quienes quieren reducir aún más el riesgo.

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¿Existe alguna desventaja en aplicarse la dosis adicional? Hay una posibilidad teórica de que si se reciben demasiados refuerzos, el cuerpo podría no generar tanta respuesta en el futuro. Una razón más práctica está relacionada con el momento actual: si la protección es de corta duración, quizás sea mejor esperar hasta que sepamos con certeza que se avecina una gran oleada. Además, ya se están desarrollando refuerzos específicos para la ómicron, los cuales podrían estar disponibles en los próximos meses. Algunos podrían optar por esperar hasta entonces, o hasta que exista evidencia clara de que la inmunidad contra las enfermedades graves está disminuyendo.

El punto es que si bien no está para nada claro si las personas necesitan una cuarta dosis, hay quienes la quieren y deberían poder tener acceso a ella. La postura del gobierno federal de permitir esta opción señala un importante alejamiento de la estrategia vertical de orientación de salud pública hacia la toma de decisiones individuales. De aquí en adelante, las personas deberían tener la posibilidad de utilizar refuerzos —así como lo hacen con los cubrebocas, las pruebas y los tratamientos— para gestionar su propio riesgo de COVID-19.

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