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Opinión El segundo año de Lasso empieza con crisis en varios frentes

El presidente de Ecuador, Guillermo Lasso, en la ceremonia de apertura de la IX Cumbre de las Américas, el 8 de junio de 2022 en Los Ángeles, California. El mandatario inicia su segundo año de gobierno. (Anna Moneymaker/Getty Images)
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María Sol Borja es periodista ecuatoriana y editora política en el sitio gk.city.

El segundo año del presidente de Ecuador, Guillermo Lasso, inicia con un país en crisis. Los índices de inseguridad y violencia son históricamente altos: entre enero y mayo de 2022 se contabilizaron 1,490 crímenes violentos (asesinato, homicidio, femicidio y sicariato). Eso significa que cada día, en promedio, 14 personas mueren de forma violenta en Ecuador.

Ni los estados de excepción decretados en las provincias más conflictivas han servido para reducir la violencia: ha habido explosiones de coches bomba —algo nunca antes visto en el país— y denuncias de extorsión y amenazas a los locales comerciales en Esmeraldas, provincia fronteriza con Colombia.

También ha habido balaceras en pleno centro financiero de Quito, la capital, donde han aumentado 28% los crímenes violentos con respecto al año pasado. Los sicariatos también han ido en aumento —entre enero y mayo se triplicaron con respecto al año pasado— al igual que los asaltos que terminan en muertes violentas. Son hechos sin precedentes en un país que se autocalificaba como una isla de paz por haber logrado sortear la violencia de las guerrillas y organizaciones paramilitares como las de sus vecinos Perú y Colombia.

La violencia en las cárceles tampoco ha dado tregua. En este año, el gobierno de Lasso ha tenido que enfrentar cinco masacres carcelarias —de las que han circulado imágenes en extremo perturbadoras— que han dejado al menos 282 muertos.

El miedo y la zozobra con la que viven los ecuatorianos no es el único problema al que el gobierno parece no darle solución. También hay una profunda crisis en el sistema de salud pública y en la educación, las cuales se agudizan con la percepción de que Lasso es un presidente alejado de los ciudadanos e indiferente a sus problemas cotidianos.

En el tema sanitario, tras un pico exitoso en el proceso de vacunación, el deterioro en la atención de los hospitales públicos es evidente: despidos de médicos que estuvieron al frente de los hospitales durante la pandemia y denuncias de pacientes por falta de medicinas e insumos, que incluso han provocado la suspensión de cirugías a niños o la falta de atención a enfermos de cáncer. La ministra de Salud ha reconocido el deterioro de los hospitales, como colapso de tuberías o infraestructura, y que hay listas de esperas para atender pacientes. Incluso, algunos dirigentes del sector dijeron en un programa de radio que, solamente en un hospital, la lista es de 874 pacientes, muchos de ellos de traumatología.

Por otro lado, los indicadores económicos son esperanzadores: el Banco Central del Ecuador proyecta un crecimiento conservador de 2.8% para este año, pero el Banco Mundial augura 4.3%. Con ello, Ecuador estaría ubicado como la cuarta economía de mayor crecimiento en América Latina. Sin embargo, los efectos aún no se sienten para la mayoría de sus habitantes. El empleo inadecuado sigue siendo extremadamente alto: seis de cada 10 ecuatorianos trabajan sin pago de horas extra o remuneraciones de acuerdo a la ley, o afiliación a la Seguridad Social; y en 2021 las remesas desde el exterior —sobre todo desde Estados Unidos— rompieron un récord histórico.

Las promesas incumplidas también han provocado malestar en el primer año de gobierno: Lasso ofreció no aumentar impuestos, sin embargo lo hizo. Ofreció mejorar el sistema de entrega de cupos para la educación superior, sin embargo en mayo pasado el secretario de Educación Superior confirmó que 85,000 jóvenes se quedarían sin cupo para acceder a una universidad o un instituto superior este año. Ofreció garantizar derechos a las mujeres y vetó el proyecto de ley de interrupción del embarazo en casos de violación para establecer plazos tan reducidos que dificultan el acceso a un aborto a las víctimas.

A todo eso se ha sumado una incapacidad de establecer acuerdos políticos en la Asamblea Nacional: apenas esta fue posesionada el acuerdo con el Partido Social Cristiano, quien respaldó la candidatura de Lasso, se quebró y eso ha evitado que el oficialismo tenga apoyo en proyectos de ley que consideraba clave para incentivar inversiones y reformar la legislación laboral. Lasso ha acusado constantemente a Jaime Nebot, su antiguo aliado y líder del Partido Social Cristiano, al expresidente Rafael Correa, y al líder de la Confederación de Nacionalidades Indígenas, Leonidas Iza, de querer hacer un golpe de Estado en su contra.

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Eso ha generado malestar entre el sector indígena, que anunció que realizará protestas desde hoy lunes. Tampoco ha logrado consensos con los sindicalistas y líderes gremiales que, seguramente, se sumarán a ellas. Los ambientalistas también lo señalan por irrespetar la Constitución que garantiza derechos a la naturaleza y por una de sus más recientes promesas “de extraer hasta la última gota de provecho de nuestro petróleo”, sin considerar el daño ambiental y cuando el más reciente percance sucedió en enero en la Amazonía.

La decisión de evitar pronunciarse sobre temas que afectan profundamente la calidad de vida de las y los ecuatorianos ahonda la idea de que al presidente Lasso no le importa la gente. Y eso le puede costar caro, pues su principal logro —la vacunación exitosa— no le alcanzará para sostener un gobierno durante tres años más si no garantiza derechos mínimos para los ciudadanos: salud, educación y seguridad.

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