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Opinión El corrido migrante de Los Tigres del Norte

Los Tigres del norte durante el rodaje de su documental 'Los Tigres de Norte: Historias Que Contar', que se estrenó el 17 de junio en Amazon Prime Video. (Amazon Prime Video vía AP) (AP)
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Carlos Pérez Osorio es documentalista mexicano. Sus películas más recientes son ‘Las Tres muertes de Marisela Escobedo’ y ‘Los Tigres del Norte: Historias por contar’.

El corrido es un género musical que narra historias épicas de México y sus personajes. Se consolidó en la Revolución Mexicana al relatar andanzas sobre líderes, contrabandistas y familias y, años después, sobre los capos de la droga en los narcocorridos. Si hay un grupo actual que represente al género, ese es Los Tigres del Norte. En sus más de 50 años de trayectoria han creado decenas de canciones que forman parte de la historia del país: han reinventado el narcocorrido, han creado himnos románticos y han relatado la vida cotidiana. Pero, sobre todo, y lo que les ha hecho ganarse el apodo de “La voz del pueblo”, son sus corridos sobre migrantes.

La semana pasada se estrenó el documental Los Tigres del Norte: Historias que contar, del cual soy director y guionista. Pasamos muchas horas con los hermanos Hernández, quienes integran este grupo familiar. Escuchamos sus historias, hablamos con su familia y gente cercana, músicos a los que han inspirado y fans que los consideran parte de su historia de vida. Por eso cuando me senté a escribir el guión del documental me sentí abrumado. No solo son una leyenda de la música regional mexicana, sino que son un valuarte de nuestra cultura y representan el sentir de millones de personas. Al final, el documental se enfoca en dos elementos: la familia y la migración. Durante décadas, Los Tigres del Norte han dignificado la figura del migrante que va al norte del continente a buscar mejores condiciones de vida para ellos y sus familias.

La historia de Los Tigres del Norte comienza, como muchísimas otras en México, en un rancho modesto: La Nanche, en el pueblo de Rosa Morada, en Mocorito, Sinaloa, al noroeste del país. En ese sitio, de apenas unas cuantas casas, fue donde nacieron y crecieron los hermanos Hernández y su primo Oscar Lara, integrantes del grupo. Fue una infancia llena de carencias, que se acrecentaron cuando su padre, Don Eduardo Hernández, recibió un disparo en la espalda. Los hermanos Hernández, casi adolescentes —Hernán, el bajista, tenía apenas 10 años— tuvieron que salir de su pueblo a trabajar para ayudar a su familia. Desde ese momento, y solo con sus instrumentos, se convirtieron en los proveedores de quienes se quedaron en Rosa Morada.

Para conocerlos mejor viajé a San José, California —donde ellos viven—, donde hablé por horas con cada uno de los integrantes antes de las entrevistas que grabamos. Quería entender quiénes son los hombres detrás de la leyenda. Y La Nanche fue lo primero sobre lo que me hablaron. No sobre sus decenas de premios, las giras mundiales o sus millones de discos vendidos. Gran parte de nuestras conversaciones se enfocaron en el lugar de sus amores y en donde todavía tienen familia.

A Don Óscar Lara, baterista, le pregunté qué canción tenía un mayor significado para él. Los Tigres tienen más de 600 grabaciones. Casi entre lágrimas, me respondió que “Pueblo querido”, una canción de 1976 que habla sobre la nostalgia y la tristeza que provoca estar lejos del sitio en el que se nació.

Los Tigres del Norte han ganado siete Grammy y 12 Grammy Latino. En 1986, fueron el primer grupo latinoamericano en ganar un Grammy con el disco América sin fronteras, el cual contenía la canción “América”: “Porque América es todo el continente/ Y el que nace aquí es americano / El color podrá ser diferente / Mas como hijos de dios somos hermanos”.

Pese a todo ese éxito, saben bien que a quien se deben es a su público, y que mucho de este es migrante. Fui con Don Jorge Hernández (el mayor, vocalista y acordeonista) a “Original Joe’s”, un restaurante en San José al que acude el grupo desde los años 1970. Ahí pasaban mucho tiempo hablando de sus sueños, extrañando a su madre y escribiéndole cartas, antes de mandar dinero al pueblo. Cuando el mesero nos dijo que habían cerrado dos horas antes, pero que por Don Jorge no nos habían molestado, él se paró, estrechó su mano y le dio un abrazo.

Durante el tiempo que pasé con ellos sucedió muchas veces lo mismo: gente que los quiere y se acerca a ellos como si fueran amigos y no artistas inalcanzables. Sus seguidores, tanto en México como en Estados Unidos, les tienen un cariño muy profundo que es recíproco. “Ellos nos cantan a nosotros que somos el pueblo”, nos dijo Zeferina, una migrante mexicana que nos acompañó en una grabación en San José, quien fue recibida con abrazos y regalos por parte de Los Tigres.

Como Zeferina y decenas de millones de mexicanos, ellos también anduvieron por el camino del inmigrante. Durante años, antes de alcanzar el éxito, los músicos tocaban en San José los fines de semana pero trabajaban de forma indocumentada el resto de los días como jardineros y conserjes de escuela. En California se casaron, tuvieron hijos, empezaron una vida y, durante años, no pudieron regresar a México por su situación migratoria.

Es por eso que, durante toda su carrera, han contado la realidad triste y llena de sacrificios de quienes se van por ayudar a los que se quedan en casa. Han expuesto a una audiencia global la invisibilizada experiencia migrante. En el documental, el músico Ry Cooder la llama “música de justicia social”. En “Tres veces mojado”, de 1988, narran la experiencia de un hombre de El Salvador que tiene que cruzar tres fronteras para llegar a Estados Unidos, lo cual puso el foco en el gran número de centroamericanos que huían a consecuencia de las guerras civiles. El 2004 lanzaron “José Pérez León”, que narra la historia desgarradora de un migrante que muere por asfixia dentro de un camión, y las condiciones deplorables en las que deben viajar quienes buscan cruzar la frontera.

La canción solo muestra la realidad. En 2017, 10 personas murieron al interior de un tráiler que fue abandonado en un Walmart en San Antonio, Texas, donde viajaban al menos otros 200 migrantes. En 2021, en Chiapas, México, un camión que iba a exceso de velocidad y transportaba a 152 migrantes hacinados se volcó y murieron 55 personas.

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Este año ya se rompió el récord de detenciones y peticiones de asilo en la frontera entre Estados Unidos y México, con migrantes de casi todo el continente —y de otros más— intentando llegar a ese país. Pero las condiciones para migrar solo han empeorado desde que Los Tigres del Norte cruzaron la frontera, en 1968. Hoy la política migratoria de México y Estados Unidos es cruel y deshumanizada.

El corrido migrante de Los Tigres del Norte nos habla de lo mejor de todos nosotros. De la fuerza y resiliencia para salir adelante, del fuerte arraigo a nuestras raíces y a los nuestros: que la fuerza del paisano es grande, que nuestras tradiciones son especiales. Este documental es un corrido donde Los Tigres del Norte cuentan su propia historia y nos enseñan, con su ejemplo, que se puede ser grande sin olvidar de dónde eres.

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