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Opinión El plan de anexión de Putin es desesperado y peligroso

El presidente ruso, Vladimir Putin, en un evento para celebrar el 1160 aniversario de la creación del Estado ruso en Veliky Novgorod, Rusia, el 21 de septiembre de 2022. (Ilya Pitalev, Sputnik, Kremlin Pool Photo vía AP)

El presidente ruso, Vladimir Putin, se está quedando sin tiempo y sin buenas opciones en su invasión fallida a Ucrania. Por eso ahora se está apresurando a implementar malas opciones, comenzando con un movimiento hacia la rápida anexión de las regiones en Ucrania donde sus fuerzas militares de ocupación enfrentan una presión cada vez mayor.

Para tratar de salir de su mala racha, Putin también anunció este miércoles por la mañana una movilización parcial de las fuerzas militares rusas. Putin hizo una advertencia: “Por supuesto, utilizaremos todos los medios a nuestra disposición. Esto no es un farol”. Sin embargo, llevará meses entrenar a estas fuerzas, las cuales complicarán aún más el ya de por sí caótico sistema de mando y control del Ejercito ruso.

El mensaje escalofriante de un Putin cada vez más desesperado parece ser: “Haremos lo que sea necesario para evitar la derrota en Ucrania”.

Funcionarios del gobierno del presidente estadounidense, Joe Biden, condenaron rápidamente el impulso ruso por la anexión. “Si Rusia pretende anexar territorio ucraniano, Estados Unidos nunca, jamás, lo reconocerá”, afirmó el secretario de Estado, Antony Blinken. El asesor de seguridad nacional, Jake Sullivan, denominó las medidas de Rusia como “las acciones de un país que ha sufrido reveses militares y diplomáticos”.

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El senador Angus King (independiente por Maine), miembro de los comités de Servicios Armados y de Inteligencia del Senado, señaló el peligro en la aparente desesperación de Putin. “La paradoja de esta situación es que cuanto mejor les vaya a los ucranianos, más peligroso se volverá Putin”, me dijo King. “A medida que las opciones de Putin se vayan reduciendo, se volverá cada vez más amenazante”.

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La jugada de Putin comenzó el martes, con los anuncios de referéndums sobre la secesión planeados por parte de líderes que son títeres prorrusos en Lugansk y Donetsk, en el este, y en Jersón, en la costa del mar Negro. La “votación” se realizará en estas zonas de guerra entre el viernes y el martes, anunciaron los aspirantes a separatistas.

La anexión parece ser un esfuerzo de Putin para crear nuevas “realidades políticas en la práctica” que puedan salvar el desastroso desempeño militar de su Ejército. Pero además de constituir una flagrante violación del derecho internacional, los veloces referéndums tienen un problema evidente: las fuerzas ucranianas están avanzando en las tres regiones, y los combatientes partisanos ucranianos están atacando a los colaboradores prorrusos con coches bomba, artefactos explosivos improvisados, envenenamientos y otros ataques letales.

El dilema de Putin es que se encuentra bajo una creciente presión internacional para que le ponga fin a su campaña fallida e injustificada contra Ucrania. Durante una reunión la semana pasada en Uzbekistán, según el propio líder ruso, el presidente chino, Xi Jinping, le dijo a Putin que tenía algunas “preguntas y preocupaciones” sobre la guerra, mientras que el primer ministro indio, Narendra Modi, le dijo sin rodeos: “La era actual no es una era de guerras”.

Putin afirmó que su respuesta a Modi fue: “Haremos todo el esfuerzo para detener esto lo antes posible”. Pero, ¿cómo? La legitimidad de Putin se fundamenta en parte en su imagen de fortaleza. Sin embargo, sus fuerzas militares se están retirando de forma vergonzosa del campo de batalla y parecen estar cada vez más sumidas en el caos.

Mientras las fuerzas militares de Putin retroceden, uno pensaría que el líder ruso se enfrenta a una elección ineludible: reducir sus objetivos en Ucrania o aumentar su amenaza militar contra Occidente. Sin embargo, con la anexión, pareciera estar intentando ambas cosas a la vez.

Con la anexión de las regiones, Putin podría afirmar que ha logrado los objetivos de su “operación militar especial”, la cual se presentó en un principio como una defensa de los rusoparlantes en la región oriental. La anexión también le daría a Putin un pretexto para amenazar con ejecutar represalias contra la OTAN si los ataques en el supuesto nuevo territorio de Rusia continúan.

Los funcionarios estadounidenses están buscando la manera de disuadir la medida antes de que sea demasiado tarde. Washington podría amenazar con proporcionar armas adicionales a Ucrania si Rusia sigue adelante con el plan, con la esperanza de elevar el costo a un nivel que Putin encuentre inaceptable. O Estados Unidos y Europa podrían proponer un camino diplomático alternativo, como una manera de evitar una medida de anexión que pudiera mantener a Europa en guerra en los años venideros.

Ucrania, por ahora, no ha mostrado interés por el tipo de proceso diplomático que el presidente Biden ha dicho que será necesario para ponerle fin a la guerra. Los ucranianos quieren aprovechar su ventaja contra los rusos en retirada, y recuperar todo el territorio que puedan antes del invierno. Existe una especie de “callejón sin salida” político-militar en juego: cuando los ucranianos tuvieron que replegarse este verano, no quisieron negociar desde la debilidad. Ahora que están avanzando, no ven ninguna razón para hacer concesiones desde una posición de fuerza.

Un Putin acorralado tiene otras opciones amenazantes. Podría incrementar los esfuerzos para asesinar al presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, y decapitar el gobierno en Kiev. Podría escalar su presión sobre la población ucraniana y tratar de destruir los suministros de alimentos, agua y energía. Su movimiento más peligroso sería expandir el conflicto bélico de forma radical con ataques directos a las fuerzas de la OTAN o el uso de armas nucleares tácticas. Los funcionarios estadounidenses ven esos riesgos como bajos, pero en aumento.

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Mientras los líderes mundiales se reúnen en Nueva York para la Asamblea General de la ONU, existe una creciente demanda —desde Johannesburgo hasta Nueva Delhi y Pekín— de que Putin le ponga fin a su guerra. El líder ruso está optando por responder con nuevas provocaciones que podrían ampliar y prolongar esta crisis.

Sin embargo, cada día queda más claro que, sin importar cuánto dure esta guerra, Putin no emergerá como el ganador.

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