Liliana Zúñiga Ayarza se sienta en su casa con su hija Isabella Murillo y recuerda a su madre, Belarmina Ayarza García, quien fue una de las varias víctimas mortales recientes vinculadas al síndrome de Guillain-Barré en Colombia. (Dania Maxwell para The Washington Post)

TURBO, Colombia – La epidemia del virus de Zika que afecta a todo el continente americano ha producido varios puntos críticos con una gran cantidad de casos. No obstante, no hay otro lugar parecido a Turbo.

El virus transmitido por mosquitos se ha propagado rápidamente aquí y en todas las tierras bajas de Colombia, pero la ciudad es inusual por el posterior brote de un trastorno debilitante poco común conocido como el síndrome de Guillain-Barré, cuyo vínculo preciso con el virus todavía no se conoce. Antes de la llegada del Zika a Turbo, un pueblo en su mayoría afro-colombiano de 60 000 habitantes, localizado en medio de vastas plantaciones de banano en la costa norte del país, los médicos por lo general atendían un caso del síndrome de Guillain-Barré al año, si acaso.

En las últimas seis semanas, se han presentado cinco casos, los cuales han sido graves. Tres pacientes murieron. Uno de ellos está luchando por su vida en una unidad de cuidados intensivos. El quinto caso, una niña de 10 años de edad, no ha podido mover sus piernas en una semana.


José Molinares Cruz cruza un puente en las afueras de su casa en Turbo el 17 de febrero. La hermana de Cruz, Paula Molinares, de 10 años de edad, está recibiendo tratamiento para el síndrome de Guillain-Barré en Montería, una ciudad importante de Colombia. (Dania Maxwell para The Washington Post)

Las muertes y la agresividad de los casos del síndrome de Guillain-Barré en esta población se encuentran entre las primeras señales de un patrón extraño y preocupante que está desafiando a la manera en que los médicos en Colombia y en toda América Latina se están preparando para la propagación del virus de Zika.

Gran parte de la atención mundial sobre el virus se dirige hacia el vínculo sospechado con la microcefalia, un defecto congénito el cual causa que los bebés tengan cabezas demasiado pequeñas y diversos grados de daño en los nervios. Funcionarios de Brasil afirman que es probable que en el país haya cientos o miles de dichos casos relacionados con el virus de Zika. Sin embargo, las fotografías de las madres preocupadas y los bebés afligidos pueden haberle dado la impresión a muchas personas que el virus no constituye un riesgo significativo para las demás personas.

Eso no es verdad, sobre todo aquí en Turbo, donde los canales llenos de aguas residuales pasan por las calles, y cada vez más personas están llegando a las salas de emergencia abarrotadas con los ojos enrojecidos y marcas rojas que le causan mucha picazón, las señales distintivas del virus de Zika. Hay algo acerca del virus que parece aumentar significativamente la incidencia del síndrome de Guillain-Barré; los investigadores todavía no saben qué es.

La primera residente del lugar en contagiarse fue Eliana Uribe, de 41 años de edad. Una mañana a mediados de enero, llamó a la tienda de su prima porque estaba enferma, poco después de no asistir a trabajar durante varios días debido a una erupción extraña e dolor en las articulaciones. Dijo que algo le pasaba en los pies.


Katarina Lemus Uribe muestra una fotografía de su prima, Eliana Uribe León, poco antes de que muriera a causa del síndrome de Guillain-Barré tras haberse infectado con el virus de Zika en Turbo. (Dania Maxwell para The Washington Post)

Unas horas más tarde, cuando Uribe intentó caminar, se cayó. Sintió que sus piernas eran como de “trapo.” La enfermedad estaba avanzando hacia su torso.

La familia de Uribe la llevó a la sala de emergencia. Germán Gómez, el internista del pequeño hospital público, pensó que podría ser Guillain-Barré. Pero no estaba seguro.

“He trabajado aquí durante 15 meses y no había visto ni un caso”, dijo.

Dos días más tarde, Uribe perdió el control de la lengua y los músculos faciales. Tenía dificultad para respirar. Los médicos la trasladaron en forma urgente a un hospital más grande.

Uribe murió el 2 de febrero a causa de “hidrocefalia grave” (su cerebro se llenó de fluidos), según lo que los médicos dijeron a su familia. “Nunca nos dijeron que se podía morir de eso”, dijo Katarina Lemus, prima de Uribe.

El día siguiente al fallecimiento de Uribe, otro residente de Turbo, Edelberto Padilla, de 51 años de edad, también murió del síndrome de Guillain-Barré en otro hospital. Tenía también los síntomas del Zika.

El gobierno colombiano ha confirmado tres muertes por síndrome de Guillain-Barré, incluyendo los dos pacientes de Turbo, responsabilizando al virus de Zika por los fallecimientos.


Alma León llora en su hogar en Turbo al recordar a su hija, Eliana Uribe León, quien murió el 2 de febrero a causa de las complicaciones relacionadas con el síndrome de Guillain-Barré. (Dania Maxwell para The Washington Post)

Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de EE. UU. han confirmado dos casos de Guillain-Barré relacionados con el virus de Zika en los Estados Unidos, presumiblemente entre los más de 80 viajeros infectados por el virus quienes han regresado al país. En Puerto Rico se reportó otro caso de Guillain-Barré.

El índice de prevalencia normal para el Guillain-Barré es de uno o dos casos por cada 100 000 personas, dijo Kenneth Gorson, un profesor de neurología de la Tufts University en Boston, una de las principales autoridades estadounidenses sobre el trastorno. El nombre de la enfermedad proviene de los dos neurólogos franceses que la descubrieron hace exactamente 100 años.

En su nivel más básico, el síndrome de Guillain-Barré ocurre cuando el sistema inmunitario de un paciente lucha contra una infección y luego colapsa debido a que los anticuerpos atacan al propio sistema nervioso del cuerpo, dijo Gorson. Atacan las células nerviosas, aparentemente al confundirlas con un virus. En algunos casos, los anticuerpos destruyen la membrana que protege a las terminaciones nerviosas, denominada mielina, lo cual deja a los músculos del cuerpo sin la capacidad de comunicarse con el cerebro.

En sus clases, Gorson dice a los estudiantes que el síndrome de Guillain-Barré en sí no es mortal. “Lo que mata a las personas es el hecho de quedarse paralizadas en una unidad de cuidados intensivos”, dijo. “Las causas son las complicaciones de estar conectado a un respirador durante largos períodos, el riesgo de formación de coágulos de sangre, las infecciones en las heridas a causa de la falta de movimiento o diversas complicaciones médicas que ocurren en los pacientes que están paralizados. Es fundamental el acceso a una atención de calidad.”

Los adultos y los niños parecen encontrarse con el mismo riesgo de desarrollar el síndrome de Guillain-Barré, pero los pacientes que ya tienen problemas de salud o sistemas inmunitarios comprometidos tienen menos probabilidad de recuperarse del síndrome.

Un estudio sobre el síndrome de Guillain-Barré en los Países Bajos encontró un índice de mortalidad de 1 en cada 20 pacientes, “pero eso fue con una atención de alto nivel”, dijo Gorson. Alrededor de un cuarto de los pacientes necesitan asistencia respiratoria.

Belarmina Ayarza, de 58 años de edad, contrajo el virus de Zika cuando visitó a su familia en Turbo, en el mes de enero, y 10 días después fue a un hospital en la ciudad de Medellín porque perdió la sensibilidad en las piernas. Los médicos le diagnosticaron el síndrome de Guillain-Barré, dijo su hijo, José Barrios. Ayarza era diabética y tenía hipertensión. Pero su estado se estabilizó y Barrios pudo llevarla a su casa en una silla de ruedas. El 7 de febrero, su madre comenzó a convulsionar en su cama. “La levanté y la sostuve en mis brazos”, dijo Barrios, “pero ya se había ido.” Los médicos dijeron que tuvo un ataque cardíaco.

Falta de cuidados de alto nivel

En las áreas rurales de América Latina donde se está propagando el virus de Zika, con frecuencia no hay atención de alto nivel disponible. Los tiempos de espera en los hospitales públicos, en especial aquellos abarrotados con pacientes con Zika, pueden disuadir a los pacientes de buscar atención. Las personas con síndrome de Guillain-Barré en una etapa agresiva necesitan transfusiones de sangre complicadas o un tratamiento conocido como terapia de inmunoglobulina, la cual básicamente elimina los anticuerpos peligrosos. Sin embargo, los tratamientos pueden costar más de 10 000 dólares y es probable que los pacientes necesiten varias sesiones.

Colombia ha informado que más de 30 000 ciudadanos han sido diagnosticados con el virus de Zika hasta ahora, con 97 casos vinculados al síndrome de Guillain-Barré. Brasil, Venezuela, El Salvador y Surinam también han reportado un incremento de casos del trastorno. El mismo patrón apareció durante el brote del virus de Zika en la Polinesia Francesa en 2013 y 2014, cuando al menos 42 pacientes, en su mayoría con diagnósticos de Zika, desarrollaron el síndrome de Guillain-Barré.

“Estamos viendo un repunte en todos los lugares en que se presenta el virus de Zika”, dijo Tarun Dua, neuróloga de la Organización Mundial de la Salud (OMS). No está claro si el virus de Zika está causando el síndrome de Guillain-Barré o si es una “reacción cruzada” con los anticuerpos de otros virus transmitidos por mosquitos, tales como el dengue o el chikungunya.

Otro problema importante: No hay fácil acceso a una prueba rápida para detectar el Zika y el virus permanece en la sangre del paciente infectado solo durante una semana aproximadamente. Por lo tanto, es difícil realizar un examen para detectar el virus de Zika en los pacientes hospitalizados con síntomas del síndrome de Guillain-Barré.

“La hipótesis es que el virus de Zika puede ser un desencadenante más eficaz del síndrome de Guillain-Barré”, dijo Anthony Costello, director de desarrollo de salud materna, neonatal, infantil y del adolescente en la OMS. “Se ha comenzado con el trabajo de detección, pero lleva tiempo.”

En Turbo, a los pacientes diagnosticados con Zika, cuyos síntomas incluyen sarpullido, dolor en las articulaciones, dolor de cabeza y ojos enrojecidos, por lo general les recetan paracetamol (acetaminofén) y los envían a su casa a descansar.

No obstante, es posible que compartan sus casas con los mosquitos Aedes aegypti, los cuales recogen la enfermedad de las personas infectadas y la propagan. Se reproducen en el agua estancada.

En un vecindario desatendido en las afueras de un pueblo conocido como El Bosque, las calles no están pavimentadas y las motocicletas se pasean entre gallinas y niños jugando en las calles. Ocasionalmente, un camión retumba emitiendo a todo volumen emitidos a través de parlantes gigantes un mensaje de salud pública para instar a los residentes a botar el agua estancada. ¿Qué se puede hacer para evitar el virus de Zika?


Wilfrido Manuel Molinares mira desde el canal del alcantarillado para llegar a su casa en Turbo el 17 de febrero. Su hija, Paula Molinares, de 10 años de edad, está recibiendo tratamiento para el síndrome de Guillain-Barré en Montería. (Dania Maxwell para The Washington Post)

No hay ni inspectores de salud ni equipos de fumigación en escena. Una torta negra apestosa de aguas residuales y basura brota a través de un canal justo en frente de la casa de Wilfrido Molinares. Los niños y los caballos caminan por la suciedad; un sillón desgastado permanece sumergido por la mitad, pudriéndose.

Paula, de 10 años de edad, hija de Molinares, ha estado hospitalizada por el síndrome de Guillain-Barré durante casi dos semanas en la ciudad cercana de Montería. Tuvo los síntomas del Zika antes de eso. Él también tuvo Zika, y no pudo trabajar en sus labores de construcción durante dos meses el verano pasado a causa del chikungunya, el cual causa fiebre y dolor muscular y articular. El virus de Zika parecía leve en comparación con lo que él había padecido, dijo, hasta que su hija ya no pudo levantarse sola.
En su vecindario, todos guardan el agua potable en tanques, jarras y botellas vacías.

“Hay muchos mosquitos aquí”, dijo Molinares. “Compré repelente para los zancudos y lo riego por todas partes. Pero cuando el sol se oculta, a veces no nos podemos sentar afuera.”