Juan Guaidó es presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela.

CARACAS -- En Venezuela estamos viviendo una situación sin precedentes. Nos encontramos con un gobierno que se ha encargado de desmantelar el Estado y que ha secuestrado los poderes públicos para manejarlos a su antojo.

Han sido 20 años de erosión a un sistema democrático que se niega a dejar de existir y que ha traido como consecuencia la usurpación a la presidencia de la república. Le llamamos usurpación porque Nicolás Maduro ha culminado su mandato constitucional, que nunca ha sido del todo aceptado por los venezolanos ya que no hubo una elección presidencial -- al contrario, hubo una farsa electoral el 20 de mayo, la cual los venezolanos y el mundo entero desconocimos. Maduro ha decidido ejercer el poder de facto.

Pero en el caso de la dictadura venezolana, además de muchas particularidades como la vinculación al narcotráfico y a grupos guerrilleros, existe una que además de ser atípica brinda una gran oportunidad para derrotarla: la existencia de un parlamento legítimamente electo y en funcionamiento, la Asamblea Nacional. A pesar de las innumerables sentencias del Tribunal Supremo de Justicia subordinado al régimen, al desconocimiento de Maduro y a una ilegítima Asamblea Nacional Constituyente, la Asamblea Nacional sigue funcionando y cuenta con el respaldo de la comunidad internacional y de toda Venezuela.

Desde el año 2007 los jóvenes venezolanos, en aquel entonces estudiantes universitarios, nos convertimos en férreos defensores de la Constitución, la cual ha sido violada, desconocida y tratada de ser modificada a conveniencia del régimen. Esta Constitución tiene tres artículos fundamentales para resolver la crisis política existente y para restablecer la vigencia del orden constitucional, los cuales he mencionado en mis últimas declaraciones:

El primero de ellos es el artículo 233, en el cual se establece que, ante la ausencia absoluta del presidente de la república, como en efecto la hay al no haber presidente electo y al haber culminado el mandato constitucional, es el presidente de la Asamblea Nacional quien debe ocupar el cargo y convocar elecciones para elegir un nuevo presidente. Esto en un país democrático sería fácil de resolver con tan solo invocar la Constitución, pero en Venezuela no lo es.

El segundo artículo es el 333, en el que se llama a todo ciudadano investido o no de autoridad a restablecer la vigencia de la Constitución cuando esta sea desconocida -- como es desconocida por Maduro, quien se cree por encima de la Constitución, cuando lo único que está por encima de ella es el pueblo venezolano. Todos los representantes de los Poderes Públicos secuestrados, así como la Fuerza Armada Nacional, tienen el deber de restablecer el orden constitucional, así como lo tenemos todos los venezolanos.

El tercero es el 350, en el cual se llama desconocer todo régimen contrario al sistema republicano, a la democracia y a los derechos humanos. Invocamos este artículo para que toda Venezuela desconozca, como desconoce el mundo entero, la usurpación de Maduro.

En mi condición de presidente de la Asamblea Nacional estoy plenamente facultado y dispuesto a asumir la presidencia de la república de manera interina con el fin de convocar elecciones libres. Con la unificación de la Asamblea Nacional, las Fuerzas Armadas, el pueblo venezolano e inclusive quienes sostienen la dictadura, podremos materializar el mandato que nos da la Constitución, como dice nuestro himno nacional: “Gritemos con brío muera la opresión, compatriotas fieles la fuerza es la unión”.

Por supuesto, no debemos olvidar un aliado clave: la comunidad internacional, que se ha unido en una sola voz contra la dictadura, la miseria a la que está sometida nuestro país y la violación de los derechos humanos. El desconocimiento a Maduro, las sanciones internacionales y el reconocimiento a la Asamblea Nacional como único y legítimo titular del Estado en estos momentos son fundamentales.

Nuestra hoja de ruta es clara: lograr el cese de la usurpación mediante la unidad nacional y la presión interna y externa; conformar un gobierno de transición que permita la apertura del canal humanitario; la restitución del Estado de derecho y la independencia de poderes; y la convocatoria a elecciones libres en las que seamos los venezolanos quienes podamos decidir nuestro futuro.

Nuestro llamado fundamental es a la Fuerza Armada, actor clave en este proceso. A ellos les decimos que la cadena de mando está rota y no hay comandante en jefe -- es tiempo de ponerse del lado correcto de la historia. Venezuela y el mundo se los agradecerán; el éxito dependerá de que cada quien haga lo que le corresponde en esta hora difícil de la patria.

El llamado es a la acción, a no dudar, a no pelear entre hermanos y a ser fieles herederos de la libertad que llevamos inscrita en nuestra sangre.