Dentro de un deslumbrante rascacielos de Miami, representantes de la oposición venezolana se sentaron en un salón adornado con espadas samurái a escuchar una propuesta. Habían sido designados por el líder de la oposición Juan Guaidó para explorar todas las opciones posibles en su misión —respaldada por los Estados Unidos— de derrocar al presidente de Venezuela, Nicolás Maduro. En aquella tarde del pasado mes de septiembre, en la costa de la bahía Vizcaína, un ex boina verde estadounidense les ofreció una respuesta: la operación Resolución.

Jordan Goudreau, un veterano de las Fuerzas Especiales de 43 años, quien dirigía una compañía de seguridad estratégica en la Costa Espacial de Florida, presentó un plan que podría haber pasado fácilmente como un guión de un episodio de la serie Jack Ryan. Goudreau afirmó tener 800 hombres listos para infiltrar Venezuela y “extraer” a Maduro y sus secuaces, de acuerdo con J.J. Rendón, el estratega político venezolano elegido por Guaidó para ayudar a liderar el comité secreto.

Guaidó “había dicho que todas las opciones estaban sobre la mesa, y bajo la mesa también”, le dijo Rendón a The Washington Post. “Estábamos cumpliendo ese propósito”.

Para octubre, el plan había avanzado hasta el punto de un acuerdo firmado, que dependería de la financiación y otras condiciones. Rendón lo llama una prueba piloto, una evaluación de lo que podía hacer Goudreau que nunca fue oficialmente aprobada. Sin embargo, los términos del acuerdo no dejan ninguna ambigüedad sobre el objetivo: “Una operación para capturar/detener/remover a Nicolás Maduro, eliminar el régimen actual e instalar al presidente venezolano reconocido, Juan Guaidó”.

Pero poco después de firmar el acuerdo, dijo Rendón, Goudreau comenzó a actuar erráticamente. No pudo presentar pruebas del respaldo monetario que había afirmado tener preparado para financiar la operación y, según Rendón, exigió el pago inmediato de un anticipo de 1.5 millones de dólares. No habían pruebas de los 800 hombres. Rendón le transfirió 50,000 dólares para “gastos” con el fin ganar más tiempo, pero la relación entre los dos hombres se deterioró rápidamente.

“Washington está plenamente consciente de tu participación directa en el proyecto y no quiero que pierdan la confianza”, le advirtió Goudreau en un mensaje de texto a Rendón el 10 de octubre.

A principios de noviembre hubo una discusión fuerte en el apartamento de Rendón en Miami. Según Rendón, él y otros funcionarios de la oposición consideraron que la operación estaba muerta.

Hasta el domingo 3 de mayo por la mañana.

Primero, funcionarios venezolanos afirmaron haber frustrado una “invasión” a primeras horas de la mañana, dirigida a asesinar a Maduro. Luego, Goudreau apareció en un video con un ex oficial militar venezolano en uniforme de combate. Los hombres anunciaron el inicio de una operación para “liberar a Venezuela”. Goudreau dijo que sus agentes habían entrado a Venezuela, pero para ese entonces, la misión —aparentemente infiltrada por agentes de Maduro— ya había sufrido un golpe devastador. Ocho hombres habían sido asesinados y otros 13 capturados, dos de ellos ex boinas verdes compañeros de Goudreau.

Este reportaje, basado en entrevistas con más de 20 personas familiarizadas con los eventos, proporciona detalles previamente no divulgados sobre las discusiones de la oposición de lo que los participantes secretamente denominaron “Plan C”: una incursión armada para ubicar y capturar a Maduro.

El presidente estadounidense, Donald Trump, y otros funcionarios estadounidenses han negado tener conocimiento alguno sobre la operación fallida. El secretario de Estado, Mike Pompeo, dijo el miércoles 6 que “no hubo participación directa del gobierno de los Estados Unidos”.

Goudreau afirma que buscó sin éxito apoyo de Estados Unidos a través de un asistente en la oficina del vicepresidente Pence. Se negó a nombrar al funcionario. Una vocera de Pence afirmó este miércoles 6 que había “cero contacto” entre cualquier funcionario de la oficina del vicepresidente y Goudreau. “No hubo ninguna coordinación, no tenemos nada que ver con esto”, afirmó la vocera Katie Miller.

Rendón dijo que su comité había reservado los detalles de su labor a un pequeño grupo y nunca los compartió con funcionarios estadounidenses, porque el plan solo estaba siendo “estudiado”.

Goudreau insiste en que alguna forma de la operación sigue “en curso” y que la corriente principal de la oposición de Venezuela lo traicionó al incumplir el acuerdo. Dijo que optó por seguir adelante con lo que él dice fue la razón por la que lo contrataron. Afirmó que no tenía nada que ver con dinero: él estaba “haciendo lo correcto”.

“Esta no es una acción bélica, sino una acción policial”, afirmó Goudreau. “El mundo reconoce a una persona (Guaidó) como presidente, así que me contrataron para arrestar a la otra persona que ha estado usurpando el poder, Nicolás Maduro”.

Goudreau, un ciudadano estadounidense nacido en Canadá, dio sus primeros pasos en el mundo anti-Maduro en febrero de 2019, cuando trabajó en la seguridad de un concierto benéfico para Venezuela en la frontera colombiana, organizado por el multimillonario británico Richard Branson.

Estuvo 15 años en el Ejército como un operador de mortero de infantería y luego como sargento médico de las Fuerzas Especiales. Fue enviado dos veces a Irak y Afganistán entre 2006 y 2014, según oficiales del Ejército.

“Tenía una cierta intensidad en él que era algo diferente”, afirmó Joe Kent, un boina verde retirado que asistió a un curso de liderazgo con él en 2007. “Parecía como si estuviera entrenando para algo”.

En 2012, el Departamento de Defensa inició una investigación criminal hacia Goudreau por presunto robo y fraude en conexión con 62,000 dólares en subsidios de vivienda que había recolectado para su esposa, según registros judiciales. Goudreau dijo que el asunto se había resuelto sin cargos.

Goudreau fundó Silvercorp USA en 2018. La compañía promociona una variedad de servicios, incluyendo asistencia a víctimas de secuestro y extorsión. De acuerdo a una biografía en el sitio web de la compañía, Goudreau planeó y lideró “equipos internacionales de seguridad para el presidente de los Estados Unidos, así como para el secretario de Defensa”.

Hace poco más de un año, la tambaleante oposición de Venezuela estaba buscando opciones. Guaidó había intentado liderar un levantamiento militar contra Maduro el 30 de abril del 2019, pero el complot cuidadosamente construido colapsó por completo cuando los conspiradores cercanos al autócrata o se arrepintieron o habían estado actuando como agentes dobles todo el tiempo. Eso dejó a Guaidó, el presidente de la Asamblea Nacional quien es reconocido por los Estados Unidos y más de 50 naciones como el líder legítimo de Venezuela, luchando por recuperar el impulso de su movimiento opositor.

Un componente poco conocido de esa lucha fue la creación de un nuevo “comité estratégico” el pasado mes de agosto. Su membresía completa sigue siendo un secreto, pero su cara más conocida es Juan José Rendón.

El estratega político de 56 años era perfecto para la tarea. Ahuyentado de Venezuela por el gobierno socialista en 2013 y amenazado de tortura si llegase a regresar, Rendón no era para nada amigo de Maduro. Desde su base en el mundo lleno de intrigas de los venezolanos exiliados en Miami, se convirtió en un consultor político cotizado a nivel internacional.

La misión de su comité era investigar escenarios para conseguir un cambio de gobierno. Los miembros investigaron opciones ordinarias, como intensificar la presión internacional contra el gobierno. Pero también estudiaron la posibilidad de realmente secuestrar a Maduro y a sus colaboradores cercanos.

El esfuerzo involucró conversaciones con más de una docena de abogados acerca de los aspectos legales de una misión de este tipo, dijo Rendón. Investigaron sobre el argumento del “enemigo universal” —alguna vez usado para enjuiciar a piratas— que formó la base de algunas rendiciones nazis tras la Segunda Guerra Mundial. Recopilaron un expediente sobre el fallido intento en Bahía de Cochinos de liberar a Cuba del gobierno de Fidel Castro.

Las preguntas sobre la legalidad acosaban las posibilidades de una operación de este tipo en Venezuela. Pero al final, los miembros del comité decidieron que algunos artículos de la constitución venezolana, junto con la Convención de las Naciones Unidas contra la Delincuencia Organizada Transnacional, podrían ofrecer la cobertura legal que necesitaban para potencialmente seguir adelante con el plan.

Según Rendón, para el momento en que Goudreau llegó a la sala de su apartamento, el 7 de septiembre, el comité ya se había reunido con un puñado de posibles socios. Pero estaban pidiendo hasta 500 millones de dólares por el trabajo.

Goudreau, en cambio, propuso un plan autofinanciado con un anticipo por adelantado y un pago mucho más modesto —212.9 millones de dólares— luego de que se cumpliera la misión. El dinero iba a salir de futuras exportaciones de petróleo venezolano bajo el gobierno de Guaidó.

Sin embargo, tenían un as bajo la manga que podía no costarle ni un centavo a los contribuyentes venezolanos.

La oposición había identificado depósitos privados en Venezuela repletos de las supuestas ganancias ilícitas del círculo de confianza de Maduro. Fotografías compartidas vía mensajes de texto entre Rendón y Goudreau, y suministradas al Post, muestran enormes bultos de dólares estadounidenses cuidadosamente envueltos, apilados en un piso de madera. Goudreau habría obtenido 14% de los fondos recuperados.

El plan involucraba mucho más que los objetivos principales de capturar y extraer a Maduro y sus hombres. Un contrato general de servicios indicaba que Silvercorp asesoraría a ex soldados venezolanos en el exilio para la operación. Goudreau tenía 45 días para preparar las fuerzas, adquirir los equipos y ultimar los detalles de la misión. Los equipos entrarían a Venezuela de forma clandestina y formarían células que se internarían más en la nación para asegurar instalaciones petroleras claves y locaciones estratégicas. Se ocuparían de las fuerzas de seguridad del gobierno, así como de las bandas motorizadas pro-Maduro conocidas como “colectivos” y los grupos guerrilleros colombianos que operan en suelo venezolano.

Se firmó un acuerdo en Washington el 16 de octubre. Secretamente, Goudreau grabó ese día una breve videollamada con Guaidó, la cual proporcionó al Post.

“Estamos haciendo lo correcto para nuestro país”, se escucha a Guaidó decir, y luego: “Estoy a punto de firmar”.

Guaidó se negó a ser entrevistado para este artículo. A través de un comunicado, negó la existencia de cualquier contrato con Goudreau, y dijo que su “gobierno interino” no tiene conexión con la operación aparentemente en curso contra Maduro.

Por un tiempo, Rendón y otros pensaron que Goudreau podría producir resultados. Pero empezaron a desconfiar cuando comenzó a exigir el pago del anticipo de 1.5 millones de dólares. Rendón describe el pago como un simple gesto, que no iba a ser cobrado por adelantado, para ayudar a Goudreau a recaudar 50 millones de dólares en fondos privados.

Goudreau replica que el acuerdo —facilitado en parte al Post por Goudreau, con una versión más completa proporcionada por Rendón— obliga legalmente a la oposición a sus servicios y a la cuota inicial. Un documento de siete páginas suministrado por Goudreau tiene la firma de Guaidó, junto a las de Rendón y su compañero funcionario opositor Sergio Vergara.

“Mira, J.J. Rendón presionó por los 50 millones de dólares para la operación, una operación dirigida a darle la vuelta al país”, afirmó Goudreau. “Nadie aquí es un angelito. Ellos pensaban que iban a tomar el poder”.

Sin embargo, Rendón insiste que el documento que proporcionó Goudreau nunca fue firmado por Guaidó, y le proporcionó al Post varios acuerdos previos y posteriores que no llevaban el nombre de Guaidó. Rendón dijo que Guaidó conocía solo los esbozos generales de un “plan exploratorio”, pero empezó a desconfiar de Goudreau debido a los reportes del comité. “Todos estábamos viendo señales de alarma, y el presidente no se sentía cómodo con esto”, dijo.

Algunos temen que Maduro utilice la operación de Goudreau para tomar una decisión que hasta el momento ha evitado: arrestar a Guaidó. El miércoles 6, solicitó que se realizara una investigación sobre la presunta implicación de Guaidó.

Días previos a la incursión a Venezuela, los abogados de Goudreau le entregaron una carta a Rendón exigiendo el pago de 1.45 millones de dólares. Los funcionarios opositores empezaron a temer por la posibilidad de que Goudreau pudiera hacer públicas las discusiones del año pasado.

Cuando Rendón despertó el domingo con las noticias de la operación, dijo haberse quedado atónito. “Pensé, ‘¿están locos estos tipos?’”, afirmó. “Estaban chantajeándonos (por el dinero). Pensé, ‘guau, ¿realmente vas a llevarlo a este extremo?’”.

Tras proporcionar seguridad en el concierto en la frontera del 2019, Goudreau entró en contacto con Clíver Alcalá. El ex mayor general venezolano había estado cerca del difunto líder socialista Hugo Chávez pero desertó bajo el gobierno de su sucesor, Maduro. Alcalá estaba viviendo en Colombia, organizando a exsoldados venezolanos en un plan para derrocar a Maduro.

La reunión se realizó en un hotel en Bogotá. Allí, varias personas familiarizadas con los eventos dijeron que Goudreau conoció los detalles del plan de Alcalá. En un momento, según personas familiarizadas con los eventos, el plan era acelerar la toma de la capital petrolera Maracaibo para luego continuar hacia Caracas.

Algunos altos funcionarios de la oposición habían desestimado el plan de Alcalá y lo habían calificado de “fantasía”. Cuando se involucró Goudreau, el plan se convirtió en una operación para extraer a Maduro, su esposa y otros funcionarios del gobierno, incluyendo al aliado cercano de Maduro, Diosdado Cabello.

Pero ese plan parecía estar en peligro.

En marzo, autoridades estadounidenses acusaron a Maduro y a otras figuras importantes venezolanas activas y retiradas, de cargos por narcoterrorismo. Entre los acusados se encontraba Alcalá, quien fue trasladado a los Estados Unidos. Luego, el gobierno de Maduro hizo públicas las acusaciones que tenían meses esgrimiendo: que se estaba gestando un plan contra él en suelo colombiano.

Maduro ha afirmado que sus agentes conocían todos los detalles de la incursión del domingo y que estaban esperando que sucediera. “Lo sabíamos todo”, dijo. “Qué comían, qué no comían, qué tomaban, quién los financiaba”.

El año pasado, Goudreau tuvo un breve contacto con un viejo exguardaespaldas de Trump, Keith Schiller, quien en la actualidad es asesor de seguridad. Los dos hombres asistieron a una reunión en Florida con empresarios, en la que Goudreau conoció figuras influyentes de la oposición venezolana, de acuerdo con una persona cercana a Schiller. Esa reunión no tuvo relación con el comité estratégico de la oposición. Schiller, al determinar que no habían verdaderas perspectivas de negocios allí, terminó perdiendo el contacto con la oposición y con Goudreau.

Los funcionarios estadounidenses estaban conscientes, y preocupados por los cientos de soldados venezolanos que habían desertado y que estaban viviendo en situaciones precarias en Colombia. Las autoridades estadounidenses y colombianas compartían la preocupación de que si terminaban en situación de indigencia, podrían ser arrastrados a la actividad ilícita. Se realizaron discusiones acerca de si debían alimentar (y cómo) a esos hombres, u organizarlos para que ayudaran a la comunidad de refugiados venezolanos.

Pero percibían la idea de que pudieran organizarse en una fuerza de combate como “una locura total”.

Los colombianos “estaban en contra de eso y nosotros también”, de acuerdo a un funcionario estadounidense que habló con la condición de permanecer en el anonimato para poder discutir temas delicados. “Nadie debería estar realizando este tipo de organización militar”.

Maduro dijo el miércoles que habían sido arrestados otros cuatro “terroristas”. Mostró un video del interrogatorio a un hombre identificado como Luke Denman, uno de los dos ex boinas verdes que habían servido junto a Goudreau, y que había sido capturado.

Denman, quien apareció desaliñado pero ileso y calmado, respondió las preguntas de un interrogador que no se veía en pantalla. Denman confirmó que el objetivo de la misión había sido capturar a Maduro, y que estaba esperando un pago de entre 50,000 y 100,000 dólares por entrenamientos en Colombia.

Denman dijo que el entrenamiento y la organización de la operación se habían realizado cerca del municipio de Riohacha, cerca de la frontera venezolana. Afirmó que solo dos estadounidenses, incluyéndose, estaban en el campo de entrenamiento.

Las armas y los uniformes, dijo, habían sido proporcionados por “Jordan, a través de Silvercorp”.

Fueron recogidos en el aeropuerto y trasladados en auto por una mujer llamada “Ana”. Describió a “un hombre en silla de ruedas” que se apareció en uno de los dos refugios en Riohacha, quien “parecía tener algo de influencia”. El hombre “llegó en una lujosa camioneta, tenía una camisa bonita y joyas de oro”.

“Yo estaba ayudando a los venezolanos a retomar el control de su país”, afirmó Denman.

Faiola reportó desde Miami. DeYoung reportó desde Washington. Herrero reportó desde Caracas, Venezuela. Dalton Bennett, Shawn Boburg y Alex Horton contribuyeron a este informe.

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